JUBILACION
Los días empiezan a perder su identidad; el martes puede
ser jueves o el sábado, lunes, el domingo solo guarda cierta similitud a un
viernes por la tarde.
Voy ordenando mis recuerdos, mido su extensión y todo no
llega ni a una micra del universo.
El futuro es indiferente y presenta un final triste y previsible.
Pero al fin, casi soy dueño de mi tiempo, un tiempo que empiezo
a sentir cómo se escapa de entre las manos.
Hago balance de una vida, que se diluyó entre llamadas de
teléfono, reuniones absurdas, estrés, locuras, y unas ganas infinitas de llegar
hasta aquí.
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