Venus
Sus treinta y siete años reflejan en el espejo una sonrisa. A pesar de las arrugas
que aparecen en su rostro, merece la pena vivir. Hoy es un día especial, para
cualquier mujer; también para ella. Miles de situaciones y recuerdos se escapan
por el desagüe del lavabo. Se vuelve a mirar, humedece sus labios con la lengua, y el lápiz de ojos
dibuja colores sobre su piel. Al fondo, la voz de Eli se expande nerviosa y
distante.
El vestido blanco la hace un poco gordita, pero se ha jurado perder esos
kilos de más, cuando vengan del viaje de bodas. Pierde la mirada en el vacío y recuerda el momento en que les dijo
a sus padres el amor que sentía y
la angustia que les produjo ;todavía era capaz de sentir el nudo
en la garganta que apenas le dejó respirar y al que ella ató corto
impidiendo que brotasen como lágrimas. Fue el primer paso hacia lo que realmente
deseaba, aunque le desgarrara por dentro el llanto de sus padres.
Los sonidos del claxon le acelera el corazón, se retoca el vestido coge el
pequeño ramillete de flores multicolores y baja rápidamente por la escalera; en
el coche, su hermano la espera impaciente, recriminándole los diez minutos de
retraso. ¿Qué hubiera sido de ella sin el apoyo de su hermano?, su hermano está guapísimo con su
traje y su flor en la solapa. De él nunca tuvo un reproche, siempre entendió que el amor no tenía sexo.
El coche se detiene a la puerta del Ayuntamiento. Alza la mirada y ve a
toda la gente que le acompaño en los momentos difíciles y que están allí, en
señal de victoria. Los nervios le invaden el cuerpo y apenas logra dominarlos.
Sus ojos buscan a la persona que da sentido a su vida y cuando la ve, todo
cobra esperanza.
Con pies de algodón encamina sus pasos hacia su pareja, se cogen de la mano
y comienza el ritual camino que da trámite al reconocimiento social. Eli está
tan bella, que se muere por besarla, sus manos se entrelazan con fuerza, como
queriendo ser una, sus ojos se miran mientras las palabras revolotean nerviosas
por la sala.
Nadie puede evitarlo, sonrisas enamoradas corretean, y de sus labios dos
palabras escapan.
Si quiero.

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