De ahora en adelante.

La soledad es vencida de una forma abrumadora por el nerviosismo; con quince años, cualquier novedad es un mundo de sorpresas, una incertidumbre que el paso del  tiempo convierte en rutina.
Mi primer día de Instituto; atrás han quedado mis amigos de colegio y mis pantalones cortos, tan solo me acompaña el deber de la obligación, y mis complejos.
Durante los diez minutos de trayecto hacia la parada del autobús, echo de menos a mi amigo Curro, que hará bachiller en la Universidad Laboral y recuerdo el amargo llanto al saber que no estudiaríamos  juntos, aunque ya poco importa, en cada paso que doy difumino mi pena con una  estoica resignación.
Mi carpeta de anillas, un bolígrafo y un montón de miedos me acompañan cuando subo al autobús; instintivamente me acomodo en la esquina que forma la parte trasera y el lateral y en cada parada, descubro nuevos rostros, nuevas calles, nuevos gestos que irán enriqueciéndome en el conocimiento del ser humano. Cuarenta y cinco minutos. Ya está, la última parada, y aquel edificio que me abruma y donde a la vez encuentro refugio.
1º D, esta es mi clase. Un profesor nos va colocando por orden alfabético, Lopez Hornos, Lozano Martín; un pupitre para dos. Mi compañero me mira y con desparpajo me ofrece su mano y apenas me salen las palabras para saludarle; es tan diferente a mí que me agrada.

Al final de día, el autobús  espera solitario .Yo, mi carpeta de anillas y entre folios en blanco un recuadro a mano alzada del horario de clase. Esa noche soñé con el universo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

oscuridad

Instrucciones básicas para escribir una historia

JUBILACION