Un rayo de oscuridad
Aquel artículo sobre la materia oscura me ha dado algo en lo que pensar mientras corro y mi respiración se entrecorta en cada zancada. En el cuarto kilómetro y posiblemente por la menor afluencia de sangre al cerebro caigo en la cuenta de lo corta que es la vida, y que para que todo aquello que nos rodea tuviera sentido deberíamos de vivir miles de vidas, con circunstancias cambiantes, razas diferentes, sexos y deseos distintos; en caso contrario nadie sería dueño de sus acciones, todo estaría condicionado por cambiantes escenarios que desvirtuarían la verdadera naturaleza del espíritu. En el décimo kilómetro la sangre solo me permite tararear la canción del walkman ¿quien fuera ruiseñor.. y contemplar la belleza de la materia sólida que nos rodea, aquella que nos proporciona calor, oxígeno, colores y que poco a poco sucumbe ante la pisada de mi zancada.
Las fuerzas se difuminan en gotas de sudor y sin motivo sigo corriendo; durante la vida se realizan acciones sin una razón aparente, sin saber que posiblemente sea una nota musical de la gran sinfonía de la existencia, todas las acciones se sitúan entre pentagramas, proporcionando un acorde perfecto en concordancia con el devenir de planetas, estrellas y constelaciones; todo esta unido, todo depende del todo; una maquinaria perfecta para, al final, no llegar a oír ni una estrofa de materia oscura.
Después de veinte kilómetros apenas me llegan imágenes y mucho menos recuerdos, la garganta seca, el dolor amante se apodera de músculos y articulaciones y necesito acabar, así como se acaba la vida, a hurtadillas, sin grandes aspavientos, sólo viene.
Ya queda poco, y "dust in the Wind" me alivia sobremanera; las familiares notas reconfortan mis pensamientos y me sitúan en el presente haciendo olvidar el futuro inmediato, ese futuro que me dice que todo es polvo en el viento. Mis pensamientos, mis creencias, mis amores, todo quedará como polvo en el viento y sonrío vagamente pensando que no existe tanta materia susceptible de hacerse polvo para abarcar todo aquello que soy.
Estoy a quinientos metros de la meta y cometo el error de pensar en el final en vez de contemplar y sentir aquello que es fagocitado de una forma cruel por los segundos de un tiempo relativo y desconocido.
Un instante, solo un instante de aliento y percibo el sufrimiento del final, un final que se hace principio en la rueda cíclica de la vida; una vida donde la materia oscura no puede ser hallada y en donde se refugian dioses olvidados, héroes mitológicos y espíritus en busca de una pequeña traza, una simple señal que les haga saber que todo cuanto les rodea es sin lugar a dudas materia oscura.
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