Déjà vu

Cuando la periodista le preguntó por su padre, ella apartó la mirada de la cámara y durante un segundo intentó recuperar del pasado unos recuerdos que hacía tiempo habían sido borrados.
            —" mi padre era muy buena persona, salvo cuando llegaba borracho, que eran casi todas las noches"
Toma aliento y con un pequeño suspiro reanuda la respuesta.
            —" llegaba triste y abatido, apenas nos miraba y se iba a su cuarto a dormir, mi madre que lo conocía no le decía nada seguía con lo que estuviera haciendo de una manera resignada; pero cuando no estaba bebido era un ser maravilloso"
y una forzada sonrisa inundó el plató, continuó hablando de ella; en definitiva había ido aquel programa de televisión para buscar pareja y no debía de perder la oportunidad de mostrar lo mejor de si misma.
Sesenta y tres años y se encontraba perdida en paseos matutinos con vecinas, y programas de televisión, había perdido la batalla contra el peso, contra las pastillas para dormir y para seguir despierta, quizás un buen hombre con un mínimo de conversación, trabajador y honrado le permitiera dejar de caer en aquel pasadizo  oscuro y eterno de la soledad.
            "Tenemos una llamada telefónica, ¿con quién hablamos?”
La presentadora llenaba con su cuidado estilismo la pantalla del televisor.
Y así fue como empezó su nueva vida al lado de José, ella se fue a vivir al pequeño pueblo de el, donde juntó con la paga de jubilación y lo que la pequeña finca aportaba vivían de una manera ordenada. El era muy buena persona, salvó cuando llegaba bebido, entonces ella apenas le miraba, seguía con sus tareas, mientras él se acostaba.

Para ella fue como vivir una segunda infancia.

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