Las palabras a veces son el alimento de nuestro espiritu.
Octubre
Obtener enlace
Facebook
X
Pinterest
Correo electrónico
Otras aplicaciones
Mis pies se hunden profundamente en la arena
en cada zancada, el cielo esta plomizo y la lluvia empapa mi cara, siento como
la felicidad me invade en cada respiración y me siento tan fuerte que dejaré que
mi amigo gane la carrera.
Corre noche, atrapa todo aquello que huye, envuélvelo, hazlo tuyo y obliga que respire el miedo que produce la oscuridad. Creíste ver la luz en un mundo de sombras, creíste ser única, poderosa, apasionada y sobre todo valiente, una valentía vestida de inconsciente arrogancia, una valentía equivocada de objetivo, perdida y bipolar. Entre la espuma del mar irrumpe cruelmente los rayos del sol, aniquilando cual atisbo de la nada. Los colores te cubren, el calor penetra en tu piel, pero el miedo continúa, siempre el miedo, porque en tu interior, solo existe la noche.
Aunque nuestras vidas están abonadas por historias que nos hacen crecer como seres humanos, es difícil y a veces imposible escribir una buena historia. Para ello, debemos contar con las herramientas necesarias: una habitación agradable, una silla ergonómica, un techo limpio, una ventana abierta por si alguna musa quiere entrar a ayudarnos, un buen cenicero donde apoyar ese cilindro blanco humeante hoy desterrado, un bolígrafo y papel en blanco o un teclado donde golpear y, fundamentalmente, una lupa, una gran lupa. Aproximémonos con la lupa al pequeño agujero entre el rodapié y la solería y observemos el continuo devenir de entradas y salidas de unas hormigas, examinemos sus antenas, su circulación en fila india y busquemos al personaje de nuestra historia. Una vez elegido, describamos cómo es, pero a través de ese peculiar y dubitativo paso que lo hace distinto; después analicemos su recorrido, sus tropiezos con otras hormigas, sus choques de antenas, su encuentro con una miga d...
Los días empiezan a perder su identidad; el martes puede ser jueves o el sábado, lunes, el domingo solo guarda cierta similitud a un viernes por la tarde. Voy ordenando mis recuerdos, mido su extensión y todo no llega ni a una micra del universo. El futuro es indiferente y presenta un final triste y previsible. Pero al fin, casi soy dueño de mi tiempo, un tiempo que empiezo a sentir cómo se escapa de entre las manos. Hago balance de una vida, que se diluyó entre llamadas de teléfono, reuniones absurdas, estrés, locuras, y unas ganas infinitas de llegar hasta aquí.
Comentarios
Publicar un comentario