Las palabras a veces son el alimento de nuestro espiritu.
Octubre
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Mis pies se hunden profundamente en la arena
en cada zancada, el cielo esta plomizo y la lluvia empapa mi cara, siento como
la felicidad me invade en cada respiración y me siento tan fuerte que dejaré que
mi amigo gane la carrera.
Aunque nuestras vidas están abonadas por historias que nos hacen crecer como seres humanos, es difícil y a veces imposible escribir una buena historia. Para ello, debemos contar con las herramientas necesarias: una habitación agradable, una silla ergonómica, un techo limpio, una ventana abierta por si alguna musa quiere entrar a ayudarnos, un buen cenicero donde apoyar ese cilindro blanco humeante hoy desterrado, un bolígrafo y papel en blanco o un teclado donde golpear y, fundamentalmente, una lupa, una gran lupa. Aproximémonos con la lupa al pequeño agujero entre el rodapié y la solería y observemos el continuo devenir de entradas y salidas de unas hormigas, examinemos sus antenas, su circulación en fila india y busquemos al personaje de nuestra historia. Una vez elegido, describamos cómo es, pero a través de ese peculiar y dubitativo paso que lo hace distinto; después analicemos su recorrido, sus tropiezos con otras hormigas, sus choques de antenas, su encuentro con una miga d...
Sus treinta y siete años reflejan en el espejo una sonrisa. A pesar de las arrugas que aparecen en su rostro, merece la pena vivir. Hoy es un día especial, para cualquier mujer; también para ella. Miles de situaciones y recuerdos se escapan por el desagüe del lavabo. Se vuelve a mirar, humedece sus labios con la lengua, y el lápiz de ojos dibuja colores sobre su piel. Al fondo, la voz de Eli se expande nerviosa y distante. El vestido blanco la hace un poco gordita, pero se ha jurado perder esos kilos de más, cuando vengan del viaje de bodas. Pierde la mirada en el vacío y recuerda el momento en que les dijo a sus padres el amor que sentía y la angustia que les produjo ;todavía era capaz de sentir el nudo en la garganta que apenas le dejó respirar y al que ella ató corto impidiendo que brotasen como lágrimas. Fue el primer paso hacia lo que realmente deseaba, aunque le desgarrara por dentro el llanto de sus padres. Los sonidos del claxon le acelera el corazón, se reto...
Era un hombre ya cercano a los cuarenta años, y a pesar de su extrema delgadez no indicaba debilidad alguna. Por el contrario, se movía con un constante nerviosismo, como si cada fibra de su cuerpo estuviera siempre en alerta. Con facciones marcadas, afiladas como si hubieran sido esculpidas con la precisión de un buril, dotándole de un semblante severo y definido. Su vida necesitaba encajar en los cánones sociales de su entorno. Vivir en su pueblo implicaba respetar ciertas normas no escritas, y la soltería prolongada era considerada como una anomalía capaz de suscitar rumores y comentarios hirientes. Así, sentía que el tiempo jugaba en su contra: a sus treinta y nueve años, lo normal era haber formado ya una familia, para colmo, sus movimientos amanerados motivaban la especulación entre los vecinos. Ejercía el puesto de cartero recorriendo calle arriba y calle abajo. Este trabajo le convertía en un discreto testigo de las pequeñas historias cotidianas de sus vecinos, presencian...
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