¿tu de que vas?

¿ tú de qué vas? . Lo veis, hay días que mejor, vivirlos en otra vida, cuando juzgados por nuestro karma nos veamos inmersos en una pecera, con la única preocupación, que las pompitas que suben, del fondo del cristal engañosamente, no emergen  al mismo ritmo de todos los días.
Y como todos los días siento tu ausencia, una ausencia sin rostro, sin formas, solo tu ausencia, que viene y va como las marejadas, arrastrando soledades.
Quizás queramos reencontradnos con nuestro karma y ver que nos depara, siempre pensaremos que será mejor que esto, sin apreciar que en cada pompa que sale del fondo de la pecera, lleva la llave de nuestra existencia.
Como dice Aute “ que terriblemente absurdo es estar vivo…” y es que, como en las carreras de galgos necesitamos una liebre a la que perseguir, y ojo he dicho liebre, no otra cosa que puede hacernos sonreír  de una manera lujuriosa, y volviendo al absurdo, es a veces tan absurda la vida, la sociedad, el género humano, que tenemos que hacer un considerable esfuerzo por no decir “ ya vale” y ponemos la atención en el señuelo perfecto que nunca conseguiremos coger pero que hará que no paremos.
Las emociones humanas llevan estudiándose miles de años, y nadie sabe verdaderamente , si solo es la química,  física, o un ser transparente que deambula por nuestro interior enterándose de nuestros secretos mejor guardados para sacarlos a la luz, desprotegiéndonos de todo aquello que ocultamos.
Puede que el amor este impregnado de una gran dosis de química, es innegable, y por supuesto de física, sin física no hay química, pero ¿puede haber algo más?, nadie se pregunta esta cuestión mientras hace el amor , usando toda la física y la química que es capaz de consumir y algunas veces de comprar, sería perfecto que solo fuera eso, reacciones en cadena de radicales libres, pero, creo que es algo más complejo, aunque no digo, que solo pueda sear una formula más compleja que las que conoce el hombre actual, pero solo eso una formula magistral, personalizada, con derivadas en el tiempo, y raíces en la ilusión, exponencialmente elevada a cuanto podamos dar y recibir, y dividida por un tiempo factorial, que hace disminuir su cociente , al aumentar el denominador del tiempo.
Al final aparece el lenguaje de los dioses, el lenguaje donde todas las leyes se dan a conocer y nos enseñan a perdernos en un mundo lógico, el lenguaje de los números, ¿se podrá medir el amor con números? Y no me refiero al 69 y esas cosillas, que siempre habrá una mente ávida de sexo, que lee estas cosas, y otra calenturienta que la escriba.
Os imagináis hacer el amor como un pez, debe ser como cuando éramos adolescente ( y con más edad), millones de esperma , abandonados al agua, (quizás por eso se te queda cara de pez), y sin dar un beso, un solo beso aunque sea al frio cristal de la pecera.

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