La esposa en espera
La mecedora de la terraza me balancea pausadamente, y me dejo embobar por las luces de los coches que pasan de forma arbitraria, apenas tengo sueño, pero me siento cansada de todo el día, y la espera además siempre cansa. Hace rato que los niños duermen y cada vez pasan menos luces, y el balanceo de la mecedora disminuye de amplitud.
Las tres y sigo esperando, el sueño me acecha, dispuesto a devorarme de un momento a otro, solo ahuyentado por luces, que pasan de largo.
No debería de preocuparme, no es la primera vez, pero me siento obligada a saber que llegará bien, que sería de nosotros si nos faltara.
No me gusta que llegue tarde, ¡sabe Dios que estará haciendo a estas horas!, pero no consigo enfadarme, es un buen hombre, un buen padre, y trabaja tanto que se merece, un desahogo de vez en cuando.
Las tres y media, ya apenas pasan coches y el silencio se alía con el sueño en mi captura, apenas se mueve la mecedora, y yo solo pienso en mis hijos.
Un coche entra por fin en el barrio, me incorporo y tras la ventana compruebo que es él, al fin me quedo tranquila, encamino mis pasos hacia el dormitorio, y espero estar dormida antes que él entre por la puerta.

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