Maltrato
Lo peor es la incertidumbre; el dolor
ya es soportable. Pero no estar segura nunca cuando va a decidir desahogarse
con lo poco que queda de mí, es algo que ni el espíritu
de supervivencia logra mitigar.
Él no era así,
el amor es algo que pudimos palpar con
nuestros dedos y se enredaba en nuestras sábanas.
El primer grito apenas me rozó, pensé
que no iba conmigo, que era algo inocuo, fortuito; y al primero le siguió
el segundo, y el tercero, así hasta perder mi decencia
en un silencioso miedo.
El mundo me había
dado la espalda, nadie oía, nadie veía, y sólo el maquillaje logra engañarme
ante aquel espejo testigo mudo de la pérdida de mi dignidad.
Pensaba que las cosas volverían
a ser como antes, sólo tenía que aguantar un poco más,
un día más, un mes más, la víctima al final vencería.
Sólo fue miedo.
Las luces rojas, azules y amarillas
rasgan la oscuridad de la noche, los gritos desconsolados se comen el silencio
y siento el calor de mi sangre como se esparce por mi pecho, evaporando mi vida
y sintiéndome al fin libre.

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