SOMBRAS
Apura el vaso; todavía
no es suficiente para volver a casa; a un gesto suyo la camarera va marchando
otro Vodka con hielo; es lo único que le da fuerza para pasar otra noche solo.
Observa la gente a su alrededor, grupos de mujeres y hombres que hablan en voz alta,
risas alcohólicas que omiten su presencia, y él, observador omnisciente,
inventa vidas y pensamientos mezclados
con alcohol.
En la oscuridad de
la noche, se sube el cuello del chaquetón y mete las manos en sus bolsillos, su
paso es cansino y zigzagueante. Cierra
la puerta y percibe el calor metálico del coche, que le reconforta, apoya la
cabeza contra el volante mientras el vodka quema su esófago y difumina la
realidad.
El golpeo de unos
nudillos en la ventanilla, le sobresalta, mira hacia el lado del acompañante y
percibe una sombra que intenta abrir la puerta. Un escalofrío que le recorre el
cuerpo, e intenta despertar los sentidos adormecidos, pero ya es tarde, la
puerta se ha abierto y la sombra penetra en el coche. Un cierto alivio le
invade; al fin esa noche no va a pasarla solo.

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