Y un jamón.

Nunca un animal, unió y desunió culturas, como el cerdo. Cualquiera lo diría , un animal que en la religión cristiana, y particularmente en su vertiente mediterránea, gusta hasta su andares, en otras religiones, enemigas acérrimas, convergen en un punto común, su total negativa a sus jugosos y grasientos frutos.
Yo tuve un gran amigo, de religión judía, que observaba fielmente sus normas,” el Shabat” “ el día del perdón” y por supuesto su total desprecio al cerdo, solíamos comer juntos durante el trabajo, y su frase se repetía a diario “ ¿esto lleva algo de cerdo?, a lo que el camarero respondía con un no rotundo, posiblemente a él le bastaba, él creía al camarero aunque nunca hizo un estudio detallado de los condimentos de aquella sopa,  un día, en todos los platos había algo de cerdo y le dije, como la serpiente a Eva en el paraíso “¿quién se va a enterar? Y él respondió con una velocidad de reflejos innato en los genes de su raza, “lo saben”. Pero aquella practica solo era conocida por ambos, y siempre guardo un gran respeto a mis filetes de cerdo empanados, o mis tapas de un buen jamón, eso para mí era una convivencia de culturas, y hablo de hace más de 20 años. Hoy día hemos pasado a no poder pronunciar la palabra “ jamón” ante una religión monoteísta, hija de Abraham y convertida por integristas en una batalla contra el mundo , o mejor dicho contra lo que no sea sus creencias, y ahí entra de lleno , nuestro amigo el cerdo, también mal visto por vegetarianos, incluso por algún cardiólogo, pero esto es la libertad, la libertad del cerdo de gustar, de nombrarlo, de hablar de él, la libertad de respetarnos sea cualquiera que sea nuestro credo, mi amigo Judío me enseño como se hacía aquello , nos respetábamos , nos admirábamos y casi nunca, casi nunca llegamos a pronunciar el nombre del cerdo en vano.

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