letras perdidas
Hace frío; lo normal para un 29 de
Diciembre. Sale al patio y carga unos cuantos palos de olivo; mientras la noche
atrapada por el tiempo, difumina a un tono más
claro su azul oscuro. Apila los palos en la chimenea, y echa cáscaras de almendra y cartón;
enciende la cerilla y aproxima la llama
prendiendo de una manera inmediata; un fuego deseado .Sus ojos se quedan
fijos en el movimiento rítmico de la llama; que lo
hipnotiza y le trae pensamientos en blanco.
Enciende el ordenador mientras se arropa con la ropa de la
mesa camilla. La luz de la pantalla ilumina su cara, y el cursor parpadea
llamando su atención. El silencio casi es
absoluto, sólo interrumpido por el crujir
de la leña en su paso a ceniza y los
ruidos en la calle de la gente que va a trabajar al campo.
¿Qué puedo escribir sino es sobre el amor?, piensa. Todos los
libros tratan sobre el amor o sus variantes; el amor entre personas, a cosas,
países, ideas.
El fuego de la chimenea caldea toda la habitación y la luz del día entra tímidamente por la ventana.
Recuerda cuando entró en el cuerpo de policía y las vivencias de aquellos
más de treinta años de profesión; intenta sacar de sus
recuerdos una historia que conmueva;
pero no consigue unir más de tres palabras. Enciende
un cigarro y apoya su frente en la ventana dejando su mirada perdida en el
amanecer.
Todavía le duele el sonido del disparo, y como la sangre de aquel
individuo fluía generosa por el sucio suelo,
manchando sus zapatos como una señal indeleble. De la boca
expulsa una bocanada de humo con fuerza, que rebota en los cristales cubriendo
su cara de un humo gris dulzón. Aquella historia sería
un buen relato si fuera capaz de escribirla, pero ni su mente, ni su pena, lo
permiten. Se sienta frente al ordenador y empieza a teclear palabras que se
unen para hacer una vez más otra historia de amor.

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