Un rutinario camino. Casi todas las tardes visito a mi madre. La distancia es larga desde mi casa para ir caminando, pero aparcar en la barriada Sixto es una tarea complicada. Son las cinco y media y el sol cada día está más alto. Casi por inercia, realizo el mismo recorrido y veo casi a la misma gente. Los vendedores de la ONCE están apostados estratégicamente cada trescientos o cuatrocientos metros, con su uniforme verde y un estand de diferentes cupones con fecha de caducidad. En calle la Hoz, suelo coincidir con niños con el chándal del At. Juval camino de su entrenamiento, parejas de ancianos que salen de la iglesia de San Patricio y mujeres de edad que sacan de paseo a sus perros. El muñeco verde del semáforo me da vía libre en mi camino. Las baldosas grises de la acera cambian a blancas y rojas sin una frontera concreta. Al llegar a Isla Cristina comienza un barrio antiguo, << 25 años de paz>> , bloques de tres y cuatro plantas y pequeños jardines, con...