Una de humos

Mi amiga Dendri, ha escrito en su blog sobre ese “amigo” llamado tabaco y será porque el humo no me deja ver el bosque, o porque un día fuimos grandes amigos, yo también quiero escribir algo al respecto.
Mi primera imagen, es una habitación en casa de mis padres, donde 5 hombres aportaban con entusiasmo al calentamiento de la atmosfera con bocanadas de humo, aquel humo gris del tabaco obrero que se apellidaba Ducados, o Goya, o Celtas !que bellos nombres! para veintes embajadores del cáncer, vestidos de blanco.
Yo probé mi primer cigarrillo y único, sentado en la taza del wáter, un humo clandestino que salía de aquel purillo “more”, que le sise a mi primo, creo que al probarlo fuí el inventor de la frase  “pa morirse” lo abandone y seguí con mi deporte y seguí conviviendo con mi enemigo, como todos, que se podía decir de una casa sin humo, mejor no pensarlo.
Fue al cumplir mi deber patrio, ya vilipendiado por ideas progresistas, y libertadoras, de las cuales algo comparto pero donde conocí a personas que de otro modo hubiera sido imposible saber de su existencia, pero…esa es otra historia, casi al acabar con veintitrés años a mi espalda y sin querer la noche, por silenciosa y el día por  su claridad, empecé a fumar, otra vez aquellos bellos nombres comprometedores “ Fortuna” “Camel” para pasar al nombre patrio por antonomasia “ Ducados”.
Entre sin querer en el grupo de personas “enrolladas” donde  cada mentira dicha iba envuelta en humo , cada beso en un regusto, y cada encendido en una oportunidad para entablar conversación, con aquella chica que expulsaba humo por narices y boca a la vez, algo excitante.
Recuerdo la falange del dedo parcialmente quemada y con un tono de color marrón, de los 30 cigarrillos al días, la tos de la mañana, el no comer a cambio de un cigarro, y aquella dependencia que se apodera de tu Neurocortex, y que nunca pierdes, a pesar de dejarlo hace muchos, muchos años.
Algunos de aquellos fumadores de mi casa se fueron al otro barrio con un pitillo en la comisura de los labios y un cáncer de pulmón o de garganta, ¿ a quién estará pidiendo fuego ahora mismo?.
Y yo al final lo abandoné, le fui infiel ,ya sabéis siempre hay una primera vez, y me creo con derecho de pedir, que no fuméis, que no por mucho fumar nos vamos a morir más tranquilos, pero sí, mucho mas  jodidos, aunque la razón para dejarlo no puede ser el miedo a la muerte, ni al mal aliento, ni la tos garrasposa, ni la orden ministerial que vive de las tabacaleras, para dejarlo solo hay que querer dejarlo, lo veis “ querer” todo vuelve a lo mismo, es cuestión de amor, amor a uno mismo, y a todos que se tragan sin querer tu humo gris, hecho de química y adictivos, así que el tabaco solo se tiene que dejar por AMOR.

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