EL OCASO DE LOS HÉROES
La vida es una mierda, la vida
es una mierda, la vida es una mierda. Me gusta rellenar algunas hojas de mi
libreta con esta frase, y después subrayar frase por frase.
Hoy es mi primer día de
instituto y a pesar del palo que me ha dado el destino no me queda más remedio
que seguir para delante.
Mi amigo y yo nos conocíamos
desde pequeños, los dos vivíamos en el mismo barrio y fuimos al colegio
nacional de doña Consuelo y juntos estudiamos EGB.
Cuando solicitamos el ingreso para cursar el bachillerato en la
universidad laboral nunca se nos pasó por la cabeza que uno de los dos no
pudiera entrar.
De nada sirvieron mis rezos,
ni mis ganas, ni mis lágrimas, ni las de mi madre, todo desapareció en un instante.
Mi madre se ha levantado temprano y me ha preparado un
vaso de leche con cola cao, el autobús de línea sale de las Delicias a las
ocho, recojo nervioso la bolsa de tela verde que contiene el block de anillas y
mi bolígrafo bic de punta fina.
Parece que ha refrescado y al
salir del portal el viento de otoño junto con los nervios me produce un vivo escalofrío.
Mientras camino pienso en la
soledad de mi vida, en mi camisa de manga larga que ha pasado de los domingos a
los días corrientes, en mis pantalones nuevos de pana recién comprados y en la tristeza
que me producen los últimos acontecimientos.
El viaje hasta el instituto es
un trayecto de algo más de cuarenta minutos en un autobús que se llena y se vacía
de gente que va a trabajar, y a los médicos. Desde la parte trasera del autobús
observo el devenir de un nuevo mundo que se me ofrece y se deja observar.
El autobús se va llenando de
Ofelias, de Pepes Goteras, de Otilios, Rompetechos y algún que otro <<rompetimbres>>.
En la parada de Carranque sube la familia Trapisonda rompiendo el silencio, y
al volante, Mortadelo echa una bocanada de humo que al chocar con el parabrisas
se expande hasta llegar al techo y se deja caer gratuitamente para ser
inspirado entre nuestros pulmones.
Los alrededores del instituto
de Martiricos se va llenando de cientos de desconocidos de mi edad. Unas listas
colgadas en las paredes del hall de entrada del imponente edificio indican la
localización del aula asignada. Mi clase
es primero d, ocupamos los asientos por orden alfabético, mi compañero de
pupitre se llama Lozano y me pregunta si yo también vivo en la Palmilla.
Un sentimiento agridulce me
invade, todo hasta ahora se derrumba, los héroes de la infancia desaparecen y una
extraña sensación de rebeldía y esperanza me invade, entrando desde mis huellas
dactilares hasta mi corazón,
Sobre la mesa de mi pupitre
compartido extiendo mi block, en la parte superior derecha de la primera hoja anoto
la fecha: diez de octubre de mil novecientos setenta y cinco y escribo
<<la vida no vale nada>>. Mi compañero de pupitre lo lee, sonríe y
me enseña una foto de una mujer casi desnuda.
Aun albergo la esperanza que
una araña radiactiva me pique y me convierta en un super héroe para poder luchar
contra las injusticias del mundo.
Comentarios
Publicar un comentario