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Guerras

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  MXV57666, un nombre frio para un material inerte donde habitan los hijos de Ares. Cuando detona, desconoce donde, ni a quien ha llevado al Valhalla. En la mesa de Odín van llegando como en pateras guiadas por valquirias, seres humanos de distinto color, creencias, idiomas, religiones. Las lenguas árabes, ucranianas, hebreas se entremezclan en un mismo lenguaje. Odín alza su copa y ríe junto con los demás dioses. En un rincón, apesadumbrado, un tal Jesus de Nazaret llora desconsolado. 

Defectos Sobrenaturales

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  ― ¿Eres Dios? ― Si hijo, aquí me tienes, esperando hablar contigo. ― ¿Tú esperándome a mí, Padre? ― Incluso Dios tiene obligaciones, y me toca ver los resultados de cada una de mis creaciones. Pero no te preocupes, es solo una pequeña pregunta. ¿En qué he fallado contigo hijo? ―C reo que hiciste un buen trabajo conmigo, solo tengo un reproche Padre. ― Dime hijo. ― Toda mi vida la hubiera dado por ser un virtuoso del saxofón, lo deseé tanto… pero solo me permitiste tocar la escala musical ¿Por qué Padre? ― No pude arriesgarme hijo, esas ganas tuyas, ese tesón, esa constancia, esa fe tuya, tuve que limitarte al máximo tus habilidades en ese campo, no podía permitir que tocaras el saxofón mejor que Dios.

oscuridad

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Corre noche, atrapa todo aquello que huye, envuélvelo, hazlo tuyo y obliga que respire el miedo que produce la oscuridad. Creíste ver la luz en un mundo de sombras, creíste ser única, poderosa, apasionada y sobre todo valiente, una valentía vestida de inconsciente  arrogancia, una valentía equivocada de objetivo, perdida y bipolar. Entre la espuma del mar irrumpe cruelmente los rayos del sol, aniquilando cual atisbo de la nada. Los colores te cubren, el calor penetra en tu piel, pero el miedo continúa, siempre el miedo, porque en tu interior, solo existe la noche.

PLAYA

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Mientras mira atentamente la cámara de fotos con sus ojos verdes, el color de su piel oscurece acariciada por el sol, ajenas,  las olas de la playa llegan hasta sus rodillas, que hincadas sobre la arena se hunden  lentamente en el foso del castillo. Junto a él, su hermano fija la mirada en una mujer que con el pensamiento perdido vigila intuitivamente a los dos niños. Una tarde de verano cualquiera, donde las tardes en la playa son el regalo de una vida humilde, un regalo lleno de salitre y alquitrán, de chillidos de niños y gritos de madres buscando a hijos. Apenas se escucha el mar, y su azul se difumina en la espuma blanca que producen las olas con la suciedad de los vertidos de la ciudad; es algo maravilloso, seguro que el paraíso debe ser así; piensa Manolo, mientras da la  espalda al mar y cubre  del peligro a su hermano Paco, que enamoradamente mira a su bella madre  preparar distraídamente  dos pequeños bocadillos de chorizo. La felicidad...

tres micro pensamientos

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No quiere  irse, pero al fin, su respiración se apaga, queda en off. Y ¿ sus sueños?, ¿sus recuerdos?¿sus sentimientos?, se diluyen en el aire , alimentan  la  tierra y vuelve a nacer de nuevo la vida. Sus ojos  iluminan el día, solo puede mover los músculos que generan su risa, pero son suficientes para cambiar tu mundo. Dejó de llorar y se sintió aliviado, aunque  nada había cambiado en su vida ,seguía en el mismo lugar, con los ojos rojos, las mejillas mojadas y dispuesto a llorar de nuevo.

Avería.

Al ver la hora que era, pensamos que ya no amanecería; nos miramos y sentimos cómo el miedo paseaba entre nosotros. Era difícil de creer, pero el mecanismo del universo se había estropeado. No nos quedó más remedio que llorar y echar de menos el sol.

Viaje

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Era c uestión de principios; dudó al coger el móvil ,  lo metió en el bolsillo  del pantalón  y salió a la calle. El viento  arreciaba con fuerza, dejando los ojos lagrimosos  y los pómulos  fríos, paró  un taxi y se refugió en el asiento de atrás  . -  Por favor , a Atocha. -  ¿Cogemos la m30? A esta hora será lo más rápido. -  Vaya por donde quiera, dentro de media hora sale mi tren. -  No se preocupe. Se ha montado usted  con uno   de los mejores taxistas de Madrid. Le sobr aron  10 minutos  antes de sentarse en el asiento 17c del coche 32 del AVE, sacó el móvil y volvió a acariciarlo  como si de una lámpara maravillosa  se tratara  , pretendiendo que de un momento a otro  apareciera  un genio de su pantalla. -  Buenos días, tengo el 17 D -  Disculpe me he sentado en el suyo. -  Es que me gusta la ventanilla , así voy viendo el paisaje. -...