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Carta abierta

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Estimado Sr Presidente.  Me es duro comunicar, el cese inmediato en sus funciones, hubiésemos querido continuar, con su encomiable labor, pero el sentido común se niega a ello, y como accionista mayoritario en nuestra Compañía, su decisión ha prevalecido a la del resto de socios. A pesar de su extraordinaria visión de gran estadista y hombre de Estado, la Compañía decide apostar por el potencial humano que la integra, identificando la causa del problema e implementado una solución sólida y constructiva al desbarajuste causado por su equipo y por usted mismo. Como primeras medidas, dedicaremos cinco minutos a  contemplar amanecer, y sentir el sol sobre la piel. Amaremos nuestro trabajo como a nosotros mismos e intentaremos mimarlo y cuidarlo ya que de él depende mucha más gente. No gastaremos inultamente nuestro tiempo escuchando vendedores de humo contaminado. Y cuidaremos de esta nuestra casa llamada Tierra. Así pues, como verá, su inestimable trabajo y el de su equipo co...

Venus

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Sus treinta y siete años reflejan en el espejo una  sonrisa. A pesar de las arrugas que aparecen en su rostro, merece la pena vivir. Hoy es un día especial, para cualquier mujer; también para ella. Miles de situaciones y recuerdos se escapan por el desagüe del lavabo. Se vuelve a mirar, humedece  sus labios con la lengua, y el lápiz de ojos dibuja colores sobre su piel. Al fondo, la voz de Eli se expande nerviosa y distante. El vestido blanco la hace un poco gordita, pero se ha jurado perder esos kilos de más, cuando vengan del viaje de bodas. Pierde la mirada en el vacío y recuerda el momento en que les dijo a sus padres el amor que sentía y la angustia que les produjo ;todavía era capaz de sentir el nudo en la garganta que apenas le dejó respirar y al que ella ató corto impidiendo que brotasen como lágrimas. Fue el primer paso hacia lo que realmente deseaba, aunque le desgarrara por dentro el llanto de sus padres. Los sonidos del claxon le acelera el corazón, se reto...

horizonte rojo

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Deja caer su brazo por el faldón de la bañera, la sensación del agua templada le relaja y débilmente su vida se proyecta sobre el fondo blanco de sus sueños, el agua se tiñe de rojo y los párpados se les cierra al ritmo del Moon light de Beethoven. ¿Cuánto vale la vida de un hombre, sin esperanzas? Se pregunta una y otra vez en un triste mantra, acompañado por imágenes que forman recuerdos inventados por una mente moribunda. Su vida no vale nada, nadie daría un céntimo por ella, solo le queda perderla con una muerte apacible e indolora. Alguien abre la puerta y le llama con un angustioso grito. Pero él no contesta, apenas siente la vida y un oscuro silencio va atrapando su alma. Golpean la puerta del baño, el monologo de gritos se convierten en una angustia desesperada y sorda. La puerta se abre bruscamente y la escena sobrecoge al  joven espectador que llora, e intenta en vano atrapar una vida que se diluye en el agua. - ! Padre!....Padre, ¿ Que has hecho? ! Dios! El l...

Una pequeña historia de los 60

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Recuerdo el efecto del líquido helado sobre mi piel, cada vez que me movía en la cama, y como me arropaba con fuerza, intentado dormir, para olvidar otra batalla perdida y sus consecuencias. Una guerra que gané  cuando cumplí los diez años, y que tuve que resistir otros tres años más, hasta el décimo cumpleaños de mi hermano. Lo peor no era la tiritona en invierno, ni las sábanas húmedas, ni incluso aquellos calzoncillos enormes y blancos empapados en orín, sino la vergüenza de cada madrugada al despertarme muerto de frio, y algún que otro correazo en las nalgas, que como terapia de choque administraba de forma vehemente mi padre. Cuando mi hermano y yo dejamos de mearnos en la cama y con la marcha de mi primo, pudimos tener una cama cada uno, fue algo verdaderamente maravilloso para nosotros, eso sí, nunca dejamos de compartir habitación, y con ella, los mismos miedos, las misma pistolas,  los mismos libros y aquellos refrescantes recuerdos. Mi barrio estaba situado...

LA FINAL

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Como cada mañana, espera el autobús que le lleva al instituto, viste un jersey azul y un vaquero, sostiene en su mano una carpeta tuneada con una pegatina verde y blanca, que apoya en su costado y en el interior de la carpeta,  libros , un block de anillas y los colores negro y rojo de la bandera anarquista. Al subir, se coloca al fondo del autobús; y es que a pesar de  los cuarenta y cinco minutos de recorrido, prefiere estar de pie que ir sentado y verse en la obligación de ceder el asiento, como manda la educación recibida y tener entonces que aguantar los empujones de un abarrotado autobús donde suben y bajan ciento de historias con un destino efímero. Las nueve menos diez; los lunes alargan el tiempo del viaje, y tiene diez minutos para adaptarse a un mundo de folios, adolescencia, e ideales. Después de las dos primeras clases, la megafonía  pregona el recreo, produciendo la misma respuesta incondicional que al perro de Pávlov, entre jóvenes llenos de acné y futuro. ...

LA TRINCHERA

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Cientos de hombres huelen a fatiga, dolor y hambre en esta embarrada trinchera olvidada. Me aterra tener que morir, pero sigo aquí, esperando la orden de atacar, impasible, sin tener a quién o que rezar; sin recuerdos de mi niñez, sin rostros familiares que me reconforten en este momento de horror; solo me queda este pedazo de carboncillo y este trozo de papel para dejar testigo de algo que nunca debe ocurrir. Mi fusil me ha acompañando durante estos últimos nueve meses y cuido esta carga que acepté con la libertad de quién elige un triste destino. No sé si habré matado a alguien, solo disparo a un horizonte vociferante que se mueve en actitud hostil hacia mí; supongo que las balas que me buscan, son disparadas por hombres tan perdidos como yo. Apenas me queda papel así que cerraré los ojos y pensaré en la nada. Veo la muerte con las botas llenas de barro cargando cuerpos sin vida, como  mira y sonríe. Vuelven a caer proyectiles que silban fragmentando el aire; miro a ambos lados ...

2 microrrelatos

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Un lugar en el asfalto. Su aspecto desaliñado y sucio no desmerecía su autoridad, o tal vez fuera la firmeza de sus gestos y ademanes la causante de ello. Su piel ennegrecida por el sol y la ausencia de jabón, su adictiva delgadez, y el tatuaje que se atisbaba como nacía desde la muñeca hasta ocultarse por la manga de la roída camisa infundía, sin lugar a dudas, algo parecido al miedo. Su reino, de apenas 40 metros de calle, lo administraba con justicia haciendo cumplir la ley como sheriff del oeste americano con solo un rápido movimiento de brazos acompañado de algún silbido de atención, y al final, el tributo exigido por ocupar un lugar en su mundo y por el poder que le confiere su gorrilla. Lo único importante. La uña del dedo meñique estaba cubierta por una fina capa de nicotina, dándole un color marrón oscuro laboriosamente trabajado, la faz surcada por cientos de arrugas, los ojos diminutos, su calva cubierta por la gorra se recluía del sol y el cuerpo simulaba ser perchero...