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soledades anónimas capitulo II

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El pitillo de la ma ñ ana apaga con efectividad la seca tos  que me rompe la garganta. Cualquier d í a me dar á billete de ida al otro barrio, pero hasta ese momento, el humo me hace entornar los ojos ante una vida que no se merece contemplar con  ojos muy abiertos. Apago el pitillo antes de entrar en la cafeter í a; esta man í a de cuidar de la salud de los ciudadanos har á que un  d í a no podamos ser due ñ os de nosotros mismos, y mucho menos de nuestros sue ñ os. Al entrar observo una pareja sentada uno en frente del otro, donde pasan desapercibidas dos tazas de caf é ; no se hablan, ni se miran, teclean ansiosos un peque ñ o m ó vil al que sonr í en bobaliconamente. Debimos adivinar que todo invento que nace fruto de las guerras solo nos puede llevar a  una ventana abierta  a lo desconocido e incontrolable. La red archiva y valora nuestras vidas y pensamientos, somos realmente vulnerables, todo puede saberse, nuestros ahorros, nuestras gustos, nues...

Diego

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Observo lo que me rodea desde mi ventana, por la que percibo las cosas. Desde que nací, la sociedad  me trata de manera distante, haciéndome ver una y otra vez mi diferencia. Es cierto, soy diferente; me cuesta tanto entender lo que veo, comprender el comportamiento de la gente que me rodea y expresarme de esa manera compleja con las que ellos se comunican, que solo cuando coloreo mis dibujos me siento útil. Mi madre es la persona que más quiero, ella es muy buena conmigo, nunca me deja solo, siempre está ahí, cuidando de mí. Creo que todo el mundo me quiere, pero me cuesta tanto decir lo que les quiero, que los miro y les sonrío con esta sonrisa mía,  sus caras se iluminan y a veces sus ojos brillan como diamantes. Mi abuelo estuvo mucho tiempo en cama y apenas me hablaba, nunca pude decirle que junto a él me sentía bien, aunque  apenas me entendió. Mi hermana es muy guapa, quizás tenga los ojos tristes y brillantes, pero nunca me dejaría . Estoy contento porque esta...

SOLEDADES ANÓNIMAS . Capitulo 1.

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Debido a las bajas temperaturas, que han vuelto en este mes de Febrero, o quizás  al mal cuerpo de otra noche sin dormir, lo cierto es que cuando llego a la escena del crimen, mis músculos se relajan y contraen rápidamente intentando generar calor de una forma intuitiva, pero el origen no es el frio, este, está perfectamente identificado; siempre es duro codearse con la crueldad humana.  Sobre un charco de sangre yace el cuerpo de una mujer, tiene los ojos abiertos con una mirada fría de  sorpresa. Me agacho y aparto con cuidado el mechón de pelo que le cubre una parte del rostro. Es una chica joven y guapa; por sus ropas y su estilo, pudiera tratarse de una universitaria, la victima carece de cualquier identificación documental; solo un pequeño tatuaje de una letras en árabe en la parten superior de la ingle que le asoman tímidamente por la cintura del pantalón. Aparto el abrigo para ver las heridas que le han producido la muerte y de una manera triste e impotent...

Pequeños relatos

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Nunca entendió el estar vencido. La estantería estaba llena de bonitos frascos de cristal de diferentes colores y formas, y todos ellos con una etiqueta que los identificaban. Sobre la estantería un gran letrero que indicaban el contenido de los frascos : “venenos” Ricina, Ántrax, Sarín, tetrodo toxina, Cianuro, Estricnina, Anatoxina, cuidadosamente fue apartando estos venenos mortales, pero  no lo suficientemente dañinos como el que buscaba; en un rincón de la estantería logró hallarlo “Sentimiento de culpabilidad”, y una sonrisa iluminó su cara. Añadido en dosis adecuadas lograría que sus enemigos tuvieran una vida agonizante.  Quería viajar y conocer nuevos mundos, pero la rutina apenas le dejaba fuerzas para salir del camino. El día del accidente fue terrible para todos, salió del hospital conduciendo una silla de ruedas; todos le abandonaron, incluso la rutina. Y sonrió al futuro. Se lo dijo a su mejor amigo y no le creyó, lo escribió sobre pared...

SOMBRAS

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Apura el vaso; todavía no es suficiente para volver a casa; a un gesto suyo la camarera va marchando otro Vodka con hielo; es lo único que le da fuerza para pasar otra noche solo. Observa la gente a su alrededor, grupos de mujeres y hombres que hablan en voz alta, risas alcohólicas que omiten su presencia, y él, observador omnisciente, inventa vidas y pensamientos  mezclados con alcohol. En la oscuridad de la noche, se sube el cuello del chaquetón y mete las manos en sus bolsillos, su paso  es cansino y zigzagueante. Cierra la puerta y percibe el calor metálico del coche, que le reconforta, apoya la cabeza contra el volante mientras el vodka quema su esófago y difumina la realidad. El golpeo de unos nudillos en la ventanilla, le sobresalta, mira hacia el lado del acompañante y percibe una sombra que intenta abrir la puerta. Un escalofrío que le recorre el cuerpo, e intenta despertar los sentidos adormecidos, pero ya es tarde, la puerta se ha abierto y la sombra p...

Cuentos de un diario enamorado

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Tenía tantos deseos de hablar con alguien, que compró un diario. Cada noche, las páginas blancas escuchaban con atención sus letras, que con mimo depositaba con suaves trazos azules. Las letras se unían dando forma a una vida pasada que cobraba sentido en cada lectura. Poco a poco, el diario y ella llegaron a ser grandes amigos, escribiendo en él  pensamientos que jamás hubiera contado a nadie, a él le caracterizaba la discreción comprometida de una llave, y a ella su cotidiano y fiel encuentro con él. El diario la conocía tanto, que se  enamoró, pero ella solo lo tuvo como un buen amigo. Las lágrimas de desamor del diario emborronaron las letras y ella sintió como le borraba sus recuerdos. Una noche, el diario, embrujado por su inmenso deseo, tomo cuerpo de hombre la miró como dormía, se inclinó y besó sus labios; la magia desapareció en aquel instante y volvió a ser papel. Ella se hizo pétalos y durmió eternamente entre hojas y trazos enamorados, en al...

letras perdidas

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Hace fr í o; lo normal para un 29 de Diciembre. Sale al patio y carga unos cuantos palos de olivo; mientras la noche atrapada por el tiempo, difumina a un tono m á s claro su azul oscuro. Apila los palos en la chimenea, y echa c á scaras de almendra y cart ó n; enciende la cerilla y aproxima la llama  prendiendo de una manera inmediata; un fuego deseado .Sus ojos se quedan fijos en el movimiento r í tmico de la llama; que lo hipnotiza y le trae pensamientos en blanco. Enciende el ordenador mientras se arropa con la ropa de la mesa camilla. La luz de la pantalla ilumina su cara, y el cursor parpadea llamando su atenci ó n. El silencio casi es absoluto, s ó lo interrumpido por el crujir de la le ñ a en su paso a ceniza y los ruidos en la calle de la gente que va a trabajar al campo. ¿ Qu é puedo escribir sino es sobre el amor?, piensa. Todos los libros tratan sobre el amor o sus variantes; el amor entre personas, a cosas, pa í ses, ideas. El fuego de la chimenea caldea tod...